
Muere a los 74 años de edad, Manuel Outeda, más conocido por todos como John Balan, el hombre-orquesta que durante toda su vía persiguió el sueño del espectáculo. Balan residía desde hacía años en el asilo de Pontevedra, tras sufrir una hemiplejía producto de una trombosis que le dejó con el 50 por ciento de sus capacidades físicas reducidas y con casi todo su humor y su arte bajo mínimos, aunque su cabeza era un dechado de lucidez atosigada por las circunstancias que le tocaron vivir en su recta final.
Será difícil buscar un calificativo a John Balan, que algunos consideran un bohemio pero que, en realidad, se trata de un personaje irrepetible capaz de asombrar con el arte de sus propias facultades fonéticas, como él mismo decía cuando se refería a su capacidad de reproducir los sonidos más dispares y, sobre todo el de una orquesta con trombones, trompetas y clarinetes acompañados, a la vez con su famosa "puerta" sobre la que reproducía la percusión más precisa para cada pieza.
Quienes de niños veíamos llegar a Balan descalzo por las calles procedente de su Seixo natal, sabíamos que llegaba la "línea" de Cangas porque corría por entre la gente haciendo sonar el claxon asustando a las lecheras a las que les caía el cántaro que llevaban a la cabeza mientras maldecían al chaval que siempre respondía: "Señora, apártese que ven a Línea".
Pero una de las pasiones de Balan era meterse en las peluquerías y las tabernas donde, apoyado en la pared, iniciaba el repertorio de películas en las que era guionista, actor, ejecutor y víctima, porque poniendo aquella voz de los grandes actores, acababa casi siempre con los disparos de su imaginaria pistola y la caída contra la pared. Por entonces quienes le veían decían que eran "cousas de Balán" porque a lo que es propio siempre se le da poca importancia.
Su vena dramática le llevó a protagonizar situaciones extremas, como lo que le ocurrió en una ocasión en el vagón de un tren cuando entró con una pistola de palo exigiendo a los viajeros que le entregasen "la bolsa o la vida" aunque después pidió perdón por la broma pesada, lo que no le libró de acabar en comisaría.
Viaje a Nueva York
También se recuerda su presencia en el entorno rural de Marín con Ismael y "Patata", cuando recaudaban algunas monedas por lo que hacían en el palco en el descanso de la orquesta o el gaiteiro. Al regreso andando hacia Marín y tras el reparto de las monedas, se las ingeniaba para aparecer en una encrucijada de caminos con un pañuelo en la cara y su famosa pistola de palo "atracando" a sus compañeros para que le entregaban "la bolsa".
Por su pasión por todo lo "yankee", Manuel Balán pasó a ser conocido como John Balan. Con su sombrero vaquero, era capaz de decir un discurso en perfecto inglés aún reconociendo que no entendía nada de lo que decía y le llegó la etapa de estrella televisiva con actuaciones en programas como "Directísimo" de José María Íñigo y "Vivir cada día", que le llevó hasta Nueva York y a merodear por el entorno de la Casa Blanca, donde, como el presidente de Estados Unidos no le recibió, dijo al guarda: "Él se lo pierde". Después llegó la TVG, donde se hizo aún más famoso.
substraida de descubremarin